Jamás lo escribiría.
No iría hasta tu puerta, eso no ha sucedido.
No te he besado en tu portal.
Jamás me abrazaste, yo nunca perdí el aliento por ti.
Dice James Rhodes que Bach le salvó la vida y es que Lou Marinoff se equivocó: lo que el mundo necesita es más música y menos Prozac. Aquí podéis encontrar mi Vademécum particular.